Ansiedad por la comida

Ansiedad por la comida

Uno de los temas que más abordamos desde la psiconutrición es la «famosa» ansiedad por la comida.

En una sociedad tan superficial como la de hoy en día, con tanta presión por la belleza y la estética, y con tanta sobreinformación en temas de nutrición, deporte y salud… extraño es el caso de la persona que nunca haya intentado hacer dieta, modificar su cuerpo, restringir alimentos… y con ello trastocar en mayor o menor medida su relación con la comida.

En este artículo vamos a hablar de «ansiedad» por la comida para referirnos a ese impulso o necesidad fuertes de comer, difícil de gestionar, que podemos sentir de forma física o mental.

A continuación, te cuento alguno de los posibles motivos por los que puedes sentir esa «ansiedad por la comida»:

Dejando aparte el debate de si las dietas restrictivas son una buena estrategia para perder peso y mantener la salud «física», lo que está claro es que no son una estrategia compatible con la salud mental.

Una dieta restrictiva te obliga a relacionarte con la comida desde el control: «esto lo puedo comer», «esto no lo puedo comer», «no debería haber comido esto», «debería parar de comer esto otro»… Y, como comprenderás, tantas normas, prohibiciones y culpa a cualquiera le producirán ansiedad.

Cuando tienes ansiedad por un alimento, ¿suele ser por un alimento que consideras que «no deberías comer»? ¿Crees que realmente te apetecería si no te lo hubieras prohibido nunca?

Así que sí, una de las razones más probables de que sientas ansiedad por la comida es estar o haber estado alguna vez en tu vida a dieta.

Me gustaría aclarar que lo contrario de estar a dieta no es necesariamente tener una alimentación insana o «improvisar constantemente». Existe un término medio: se puede comer de forma planificada, sana y consciente, pero desde la flexibilidad, el autocuidado y la salud mental.

Cuando estás a dieta para perder peso y, por tanto, restringes calorías, ocurren otros mecanismos, además de los psicológicos que te explicaba en el punto anterior, que te pueden generar ese ansia por la comida.

Piensa que nuestro cuerpo es una máquina que está diseñada para sobrevivir. Si empiezas a darle menos energía de la que está acostumbrado, probablemente lo sienta como un peligro para la superviviencia y te lo hará saber con un aumento de la señal de hambre, mayor sensibilidad al olor de ciertos alimentos, incluso pensamientos o sueños recurrentes relacionados con comida.

Con mucha frecuencia utilizamos la comida como forma de canalizar emociones: comemos para relajarnos o descansar después de la jornada de trabajo, para olvidarnos de nuestras preocupaciones, para tener un rato agradable después de un día horrible, para disfrutar de una celebración…       

Así pues, si tu manera de calmarte (o canalizar cualquier otra emoción) suele ser a través de la comida, ten claro que tu cuerpo te pedirá comida cada vez que sientas esa emoción con intensidad.

Para saber si lo que sientes es hambre emocional, aprende primero a identificar tus señales de hambre «real» o fisiológica (dolor o rugido en las tripas, debilidad, dolor de cabeza, sensación de que podrías comer cualquier alimento para saciarla). Si, en un determinado momento, lo que sientes no es hambre «real», probablemente sea hambre emocional.

En otras ocasiones, la comida forma parte de nuestras rutinas y nuestros esquemas mentales: «tengo que cenar ya porque es la hora de cenar», «no debería comer aún porque aún no es la hora», «a ver si llegan las 6 para poder merendar y así tener una excusa para descansar»…

Por eso, a veces, puede que sientas que «necesitas comer» para cumplir con tus rutinas o con las normas que tienes interiorizadas entorno a la comida. Y, si no puedes cumplir con esas normas o rutinas por el motivo que sea, puede que eso te genere ansiedad.

Este punto está directamente relacionado con el primero sobre las dietas restrictivas y comer desde el «control». Pero me parece importante resaltar este punto.

Es muy probable que si estás preocupadx por tu peso o el tamaño de tu cuerpo y tienes una mala relación con él, pienses que «deberías adelgazar», «deberías comer menos», «deberías ponerte a dieta», «no deberías permitirte ciertos alimentos»… Y, precisamente todo ese discurso interno de prohibiciones, obligaciones y culpabilidad, y este intento de relacionarte con la comida desde el control te generará mucha ansiedad por la comida.

En nuestra sociedad está extendida la idea de que, «si tienes sobrepeso», es «porque quieres» o porque no tienes fuerza de voluntad, eres vagx, te pasas el día comiendo, o tienes hábitos peores que cualquier persona delgada.

Esto es solo un estereotipo, no es la realidad.

Fíjate en el cine: ¿Te das cuenta de que los personajes con sobrepeso que aparecen siempre están comiendo, son torpes o motivo de burla por su cuerpo? ¿Te das cuenta de que lxs protagonistas inteligentes, atractivxs, valientes siempre son delgadxs?

Y, si tienes interiorizado ese estereotipo, es muy probable que también te hables así a tí mismx si crees que tu cuerpo no es como la sociedad dice que «debería ser» («soy unx vagx», «no tengo fuerza de voluntad», «no sé controlarme», «debería estar a dieta»…). Todo este discurso interno, nuevamente te generará más malestar y ansiedad por la comida.

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