Hambre emocional: cómo gestionarlo
¿Qué es y por qué aparece el hambre emocional?
Todas nuestras emociones, incluso las más desagradables, son necesarias y nos ayudan a adaptarnos a lo que nos ocurre. Pero no nos vamos a engañar, a nadie le gusta sentirse mal. Y, si a eso le sumamos que vivimos en la sociedad del estrés, ¿quién puede permitirse estar triste o ansiosx? Este tipo de emociones te paralizan, te hacen ser menos productivx, menos sociable, menos válidx (para esta sociedad). Es como si no tuviéramos tiempo para las emociones desagradables.
Por eso, en lugar de escuchar, aceptar y normalizar todas nuestras emociones, hacemos todo lo contrario: buscamos lo más rápido que tengamos a mano para taparlas, evitarlas o evadirnos. Y, si te das cuenta, comer puede ser muy útil en ese sentido.
Hasta aquí no habría ningún problema: todxs en mayor o menor medida, en nuestra sociedad, comemos de manera emocional. Pero, si empiezas a hacerlo con relativa frecuencia y se convierte en tu única estrategia para «gestionar» determinadas emociones… te puede generar mucho malestar psicológico y también físico.
¿Cómo lidiar con el hambre emocional?
Si tiendes a comer de manera emocional, lo peor que puedes hacer es ser durx contigo mismx, autoexigente, culpabilizarte o prohibírtelo. Eso solo lo empeorará. Te animo a que, a partir de ahora, intentes seguir los siguientes pasos cuando aparezca el hambre emocional:
1) Escúchate.
Cuando te des cuenta de que te apetece/quieres/sientes la necesidad de comer, pregúntate:
«¿Tengo hambre?«
Aprende a diferenciar tus señales de hambre real o fisiológica (estómago vacío, debilidad, mareo, baja energía, impulso de comer casi cualquier alimento que te llene…) del hambre emocional (me apetecen alimentos concretos, especialmente ultraprocesados, con mucho azúcar, sal, aditivos; pero no es hambre real).
2) Pon nombre a tu emoción.
Imagina que, después de pensar un rato, llegas a la conclusión de que lo que estás sintiendo no es hambre real. En ese caso, lo más probable es que esa necesidad de comer que sientes sea hambre emocional.
Entonces pregúntate «¿qué emoción siento?»
Simplemente ponle nombre a la emoción que estás sintiendo y quieres canalizar a través de la comida. ¿Tristeza? ¿Frustración? ¿Ansiedad? ¿Ira? ¿Euforia? Puedes utilizar una rueda emocional para ayudarte.

3) Permítete comer.
Prohibírtelo solo empeorará las cosas. Simplemente escúchate, entiende qué estás sintiendo y por qué esa necesidad de taparlo a través de la comida. Y, si en ese momento crees que no tienes otro recurso mejor para «gestionar» esa emoción… adelante, no vas a matar a nadie, ¡tienes derecho!
4) Come consciente
Ya que comer esos bombones es, en ese momento, tu mejor herramienta para canalizar la ansiedad de esos días… ¡Disfrútalos! Comerlos con prisa, sin saborearlos ni disfrutarlos sí que sería absurdo.
Tómate tu tiempo, piensa qué vas a comer, siéntate en un lugar tranquilo, apaga la televisión, quita las distracciones. Cómelo consciente, presta atención a cómo sabe, a qué huele, cómo es su textura, y cómo hace sentirse a tu cuerpo. Come cuanto quieras y después sigue con tu vida.
5) Sé amable y comprensivx
“He disfrutado y saboreado lo que he comido. A pesar de ello, comer me ha servido para distraerme un rato de mis emociones, pero no ha hecho que la montaña de trabajo por hacer disminuya ni que mi ansiedad desaparezca. No tenía hambre real, pero estaba tan desbordada que, en ese momento, no he sabido gestionar mi ansiedad de otra forma. Tengo derecho a no hacerlo todo perfecto. No obstante, seguiré trabajando por aprender a aceptar y convivir mejor con todas mis emociones y confío en que llegue el día en que no necesite recurrir a la comida para evadirme de ellas”.
*Lo que te cuento aquí son solo unas pequeñas pinceladas que pueden ayudarte, o pueden hacer que te frustres si lo intentas y no consigues mejorarlo por ti solx. Por favor, intenta acudir a unx profesional si te atascas; la teoría parece muy fácil pero la práctica no lo es tanto.
