Es un hecho que, en los últimos años se habla cada vez más de salud mental.

Si te paras a pensar, hasta hace «cuatro días», tener un problema de salud mental suponía un estigma muy grande. Ir a terapia solía ser casi un secreto por miedo a que te tachasen de «loco».

Por suerte, a día de hoy, cosas como ir a terapia, pedirle a tu amigx el contacto de su psicólogx, o hablar tranquilamente de ansiedad o depresión con conocidos se van convirtiendo en algo natural.

Vale. Hablamos más de salud mental, pero ¿tenemos claro qué es la salud mental?

Yo diría que no del todo. Pese a que cada vez lo hablamos más y sabemos más, aún tenemos muchos falsos mitos, prejuicios y creencias erróneas en relación a ella.

A continuación, te cuento alguno de los mitos más frecuentes en torno a la salud mental:

Nuestro sistema de salud está dividido en especialidades (fisioterapia, cardiología, odontología, psicología…). Pero esto no significa que nuestra salud esté dividida en partes independientes, si no que es solo una manera de facilitarnos (a priori) el trabajo. Lo cierto es que nuestro cuerpo es todo uno y todo en él está relacionado.

Así que sí, nuestro sistema cognitivo (eso que llamamos «mente» o «pensamiento») y nuestras emociones también ocurren en nuestro cuerpo y funcionan en conjunto con él. Por eso:

 Una patología «física» puede ocasionarte problemas psicológicos o emocionales.

Por ejemplo, es común que las enfermedades intestinales o digestivas nos produzcan sintomatología depresiva, irritabilidad o falta de motivación.

Un problema psicológico puede ocasionarte dolencias «físicas».

Es frecuente que los problemas de salud mental se relacionen con migrañas, intestino irritable, dolor crónico, problemas musculares…

Tener salud mental es mucho más que eso. Puede que no tengas diagnosticado ningún problema de salud mental pero, aún así, no te sientas bien. Y, si no te sientes bien, eso tampoco es salud mental. Salud mental es bienestar.

La OMS define la salud mental como «un estado de bienestar en el cual cada individuo desarrolla su potencial, puede afrontar las tensiones de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, y puede aportar algo a su comunidad».

Nada más lejos de la realidad. La OMS estimó que 1 de cada 8 personas (970 millones de personas) en el mundo padecían un trastorno de salud mental en 2019, cifras que aumentaron a raíz de la pandemia.

Los trastornos más frecuentes son los que tiene que ver con la ansiedad y la depresión. En 2019 se estimó que 301 millones de personas en el mundo sufrían algún trastorno de ansiedad y 280 millones depresión. Además, tenemos que tener en cuenta que la salud mental aún es algo muy infradiagnosticado.

Esto es totalmente falso. A terapia debes ir cuando quieras y te lo puedas permitir. Cualquier persona puede ir a terapia sin necesidad de tener un «problema» concreto.

Eso sí, la terapia solo dará resultados si vas con actitud abierta al cambio, proactiva y compromiso.

Existen diferentes tipos de trastornos mentales, desde la esquizofrenia o los trastornos de la personalidad, hasta la depresión, la ansiedad o el trastorno por atracón, por ejemplo. En muy pocos de ellos se van encontrando algunos indicios orgánicos o marcadores genéticos; pero lo cierto es que la mayor parte de ellos depende enormemente del ambiente.

Es decir, la mayor parte de problemas de salud mental los desarrollamos como consecuencia de nuestros aprendizajes, nuestra personalidad y creencias, nuestras vivencias… unido, probablemente a ciertas predisposiciones.

La salud mental nada tiene nada que ver con la fortaleza o la debilidad. Cualquier persona puede desarrollar un problema de salud mental. Como explicaba en el punto anterior, lo que determina que desarrollemos un trastorno mental en la mayoría de los casos son nuestras vivencias, aprendizajes, creencias, unidas a ciertas predisposiciones. Dependiendo de ello tendrás mayor o menor probabilidad de desarrollar un trastorno mental, pero nadie está exento.

Lo que sí es cierto es que…

Ir terapia y desarrollar ciertas herramientas psicológicas actúa como gran factor protector frente a los problemas de salud mental.

No nos engañemos: nadie quiere sentirse mal, ni estar triste o desmotivado, ni sentir ansiedad, ni ser infeliz. Pero, por desgracia, nadie nos enseña, habitualmente, a gestionar nuestras emociones y pensamientos, regular el estrés, poner límites, relacionarnos de una forma sana… Por eso, a veces, nuestra salud mental cae en picado sin que sepamos remediarlo.

Es un error muy típico que se suele cometer cuando tenemos una persona cercana que está sufriendo. Pero sobreprotegerle en nada le ayudará.

Si queremos ayudar a una persona con un problema de salud mental, lo que podemos ofrecerle es escucha activa, darle espacio para sentir sus emociones sin presión ni chantajes emocionales, y facilitarle la posibilidad de encontrar un/a psicólogx con quien encaje.

Si le sobreproteges le estás transmitiendo que él/ella no va a ser capaz de salir del «agujero» en que se encuentra, que no es fuerte o que no podrá desarrollar las herramientas que necesita. Además estarás aumentando el estigma, en lugar de normalizar que es algo que a todos nos puede ocurrir y tiene un tratamiento.

El curso de un trastorno mental depende de muchos factores: la gravedad, el tiempo que lleva instalado en la persona, su entorno, su poder adquisitivo para permitirse la terapia que necesite, sus condiciones laborales, etc. Un trastorno mental no tiene por qué ser crónico y, con la terapia adecuada, esfuerzo, tiempo y paciencia, puede revertirse. Pero lo cierto es que habrá casos en los que, por diversos factores, se vuelva crónico.

La salud mental es algo dinámico, que fluctúa a lo largo de la vida. Dependiendo de cómo fluya tu vida, cómo cambie tu entorno y otros muchos factores… tendrás épocas de tu vida con mejor o peor salud mental.

Lo que sí has de tener en cuenta es que cuanto más cuides los hábitos que sí dependen de ti para tener una buena salud mental, más probable es que la mantengas.